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sábado, 16 de octubre de 2010

A propósito de "Letras perdidas"

Marco Antonio Cerdio Roussell
El hecho de encontrarme aquí, viene, antes que nada, del azar. Fue el azar el que puso en mis manos este pequeño libro de pasta negra y portada abstracta que esta tarde presentamos. Sin embargo, no se puede negar la profunda causalidad inherente al azar. Este pequeño libro que, en una primera mirada, no es más que uno de tantos esfuerzos por hacer llegar a un potencial lector aquello que siendo en un principio intuiciones termina siendo, tras un fatigoso proceso de aprendizaje, prueba y error, nuestro relato, cumple con ciertas características que nos obligar a remarcar su presencia frete a otras posibilidades de lectura. Pero vamos poco a poco.

Palabras perdidas se encuentra conformado por 23 relatos de ocho autores. Son en su mayoría cuentos y relatos cortos —ya habrá tiempo de pelearnos por establecer estrictamente a qué género pertenecen o para decretar l invalidez del término género— de muy diferentes registros y matices. Algunos quizá nos parezcan más viñetas psicológicas o divertimentos formales, pero en lugar de restarle méritos al libro, permiten una mayor amplitud de lecturas, por ejemplo al contrastar quién le apuesta a la introyección, quién a la construcción de una trama, quién a integrar lo fantásico, quién a elevar lo cotidiano a eje de su trabajo creativo. Retomando lo dicho previamente, uno de los rasgos que me permiten recomendar este libro es la gran variedad de registros que alcanzan estos ocho autores y que se recogen en los relatos seleccionados.

Y es que en este libro sorprende la riqueza de miradas expresadas. En un primer nivel, si obsevamos la fichas biográficas de los autores, encontraremos una gran variedad de trayectorias de vida. Desde gente que tiene años dedicados a la búsqueda una voz propia hasta quienes llegan a la literatura por una exigencia vital más allá de su actividad cotidiana o profesional. En esta confluencia de miradas, las que le da al texto una riqueza que es poco común en obras de este tipo. No se trata del libro de autores con trayectoria, pero encontramos autores en los que se nota el camino recorrido y un oficio; no es un texto de autores primerizos, pero encontramos relatos con todo el desparpajo y la voluntad experimental de quien inicia su carrera literaria.

Ahora, bien, cada uno de estos autores explora posibilidades diferentes de su prosa. Sin negar ciertas preocupaciones, ciertas obsesiones que determinan el estilo de cada uno de ellos, encontramos la intención —no sé si consciencte o no— de mostrar las distintas posibilidades de su trabajo. Esto lo agradece el lector porque se encuentra con un libro lleno de variedad, de sobresaltos en el mejor sentido del término, ese tipo de sobresaltos que hacen que uno quiera releer el libro o volver a subirse a un juego.

¿Qué noto en el texto, a pesar de que debo aceptar que esta es una lectura rápida, contradictoria, apresurada? En principio el oficio de gente como Nicholas Gutiérrez Pulido, Rodolfo “Muzzy” Rodríguez y Sergio Cuateco. Autores muy diferentes, todos ellos ofrecen tramas interesantes, elaboradas, aunque a veces en sus relatos más cortos añoramos lo que muestran en sus realizaciones de mayor aliento. Pero si los autores son buenos, realmente la aportación de las autoras seleccioinadas me parecen de lo mejor. En ellas encontramos una voluntad desacralizadora, un espíritu de juego y experimentación que nos obligan a estar atentos a lo que escriban. Marisol Valdivia, Mayra Martínez Espinoza, Susana López Sánchez , Julia Salinas y Samantha Zárate, ofrecen texos que están fundados en una mirada crítica, innovadora, a veces juguetona. No es que sus compañeros no tengan estos elementos en sus textos, es sólo que por alguna razón desconocida si a ellos les corresponden las tramas más acabadas en términos generales a ellas les corresponde un senctido de búsqueda más evidente.

A mi gusto, esta selección de textos amerita leerse, no aburre y despierta en relación con cada uno de los autores diversos cuestionamientos que solo el seguimiento de su trayectoria podrá resolver.

Por ahora sólo me queda invitarlos a que lean el libro, y terminada su lectura, me digan si no valió la pena, ya que para ese momento estaremos esperando un nuevo libro de nuestros autores.

jueves, 14 de octubre de 2010

Vampirismo en la obra de H.P. Lovecraft

Paco Echeverría
Óclesis

Desde la publicación de la famosa saga literaria conocida como “The Cthulhu Mythos” (Los mitos de Cthulhu), el escritor Howard Phillips Lovecraft ha sido fuente de una pasión inagotable dentro de la literatura de terror fantástico. Los temas que el lector ha de encontrar en cada uno de los textos que conforman dicha mitología son variados, pues van desde alienígenas, criaturas sobrenaturales, entidades amorfas, razas extrañas, humanoides, cultos humanos degenerados, esoterismo, brujería y vampirismo.

Respecto a este último, es un tópico desconocido o poco estudiado o novedoso en algunos casos dentro de la obra de Lovecraft, como lo podemos constatar en los numerosos correos que han enviado nuestros lectores a la cuenta de “Jornadas Lovecraftianas”, pidiéndonos clarificar y valorar más la figura del vampiro o del vampirismo en la obra del famoso literato, tratando de ir más allá de penosas e incipientes charlas que algunos grupos han presentado de una manera muy “light”, carentes siquiera de definir el sentido de la práctica hacia indagaciones de vanguardia que rompan con las visiones clásicas.

La creencia en los espíritus y seres sobrenaturales, de los más diversos tipos, ha sido algo común en los hombres de todas las épocas y de todo el orbe. Entre los más temidos y universalmente reconocidos se encuentran los “espíritus de los muertos”, y algunos ocultistas creen que la primera consciencia de un mundo de los espíritus aparece cuando el hombre primitivo, de naturaleza muy sensible, creyó que los muertos regresaban. Estas entidades intangibles y sutiles eran temidas porque visitaban la tierra en busca de nueva vida, generalmente mediante la absorción de sangre humana. Esto crearía la primera asociación mental entre la idea de los espíritus, la muerte, el reclamo de sangre y el vampirismo.

Ahora bien, en el caso de la obra de H.P. Lovecraft, podemos rescatar dos factores como influyentes para que éste abordara el tema vampírico: uno externo y uno interno. El primero se refiere a que a finales del siglo XVIII y principios del XIX, la creencia en vampiros se había extendido en algunas partes de Nueva Inglaterra, especialmente en Rhode Island —tierra natal de Lovecraft— y Connecticut Oriental. Es curioso que en esta región haya casos documentados de familias que exhumaban a sus muertos para practicarles algún tipo de ritual mágico con el fin de desterrar cualquier manifestación no-muerta (todavía la palabra “vampiro” no se utilizaba) que fuera capaz de enfermar y llevarse al otro mundo a sus familiares. En realidad, hoy se sabe, que lo que hacía fallecer a la gente era la devastadora tuberculosis y no la creencia de que el difunto venía a aniquilar a los miembros de la familia. Sin embargo esta idea quedó fijada en el folklore colectivo hasta convertirse en una leyenda urbana.

En cuanto al factor interno, si nos atenemos a lo que afirman la mayoría de los biógrafos, de que Lovecraft fue tratado como un inválido por su familia, a saber por su madre, sus dos tías, y su abuelo, malcriándolo con tanta sobreprotección. Seguramente esta vida mimada influyó en la configuración de su narrativa, y por tanto, en el asunto que estamos tratando aquí. Al respecto, Joseph Vernon Shea —uno de los miembros menos reconocidos del llamado “Círculo de Lovecraft”—, dice las siguientes palabras en su ensayo “H.P. Lovecraft: la casa y las sombras”: “La mansión Lovecraft fue siempre esencialmente una casa de mujeres. La Sra. Lovecraft reprimía a Howard como una inmensa almohada, concentrando hacia ella su devoción e individualidad. Las únicas visitas regulares eran sus tías del lado materno, con las que viviría incluso después de la muerte de su madre. Una de sus tías, la señorita Gamwell, residiría con Lovecraft casi toda su vida adulta, cuidándose de los quehaceres de la casa. Ella le sobreviviría por pocos años. Sin embargo, Lovecraft debió haberse proyectado a través de sus lecturas con la leyenda del vampirismo sin reconocer, solo subconscientemente, al vampiro en su casa”.

Con base en estos factores, sobran razones para comprender porque se encuentran algunos rastros de vampirismo en las páginas lovecraftianas, ya sea: 1) como característica de sus criaturas de otros mundos o, 2) como parte de siniestros rituales mágicos.

Dentro del primer caso podemos citar el relato titulado “The outsider” (El extraño, 1921), en el que se percibe un trabajo casi autobiográfico en el que Lovecraft, a través del personaje, construye una criatura con cierto aire vampiresco, un monstruo aislado de la sociedad que patéticamente transmite ese sentimiento de soledad y que sin duda sirve para que el autor hable metafóricamente sobre su triste micromundo: “Mi aspecto era asimismo una cuestión ajena a mi mente, ya que no había espejos en el castillo”.

“The Hound” (El sabueso 1922), también es un relato en el que Lovecraft presenta de una manera completamente original el vampirismo. Llevados por el ímpetu de la aventura, dos profanadores de tumbas modernos roban un extraño talismán de la tumba de un antiguo profanador holandés, cuya maldición se manifiesta a través de rasguños, huellas dejadas en el suelo, ojos que observan en la oscuridad, pero sobre todo, del lejano, tenue y monótono aullido de lo que parece ser un sabueso gigantesco, el cual después de cometer una serie de asesinatos es hallado del siguiente modo en su tumba: “Allí, en el interior del féretro secular, y abrazado por un numeroso grupo de grandes, nervudos y dormidos murciélagos, se encontraba el ser al que habíamos profanado mi amigo y yo; pero no limpio como lo habíamos visto entonces, sino cubierto de coágulos de sangre, y trozos de carne y pelo, y me observaba fijamente con sus cuencas oculares fosforescentes y sus filosas fauces sangrientas y abiertas, esbozando una sonrisa ante mi inexorable condena”. Sin duda se trata de un demonio fuertemente asociado al vampirismo

En otro relato, “The Sunned House” (La casa evitada, 1924), donde Lovecraft juega con la figura del vampiro desde una perspectiva que rompe con la tradicional representación de éstas criaturas; se trata de una entidad amorfa que además de la sangre succiona la vitalidad de los habitantes de la casa hasta llevarlos a la muerte: “La mancha antropomórfica de mohoso salitre del suelo, la configuración o silueta del amarillento vapor y la curvatura de las raíces en algunas de las antiguas leyendas, tendían a confirmar por lo menos una remota y recordada conexión con la forma humana; pero nadie podía saber con certeza hasta qué punto era representativa o permanente aquella similitud”.

Aquí se trata de la versión del vampiro como “entidad psíquica”, es decir, una entidad que lleva a la muerte a los seres humanos no por contacto físico, sino más bien por medio de la absorción de su energía vital.

Finalmente podemos mencionar también “The Shadow out of Time” (traducido como En la noche de los tiempos o La Sombra fuera del tiempo, 1935) o “The Festival” (El ceremonial, 1923) en que alcanzamos a leer lo siguiente: “Maldita sea la tierra donde los pensamientos muertos viven reencarnados en una nueva y particular existencia, y maldita sea el alma que no habita ningún cerebro”. Una ambigua referencia al vampirismo, que sumada a los ejemplos anteriores, Lovecraft trata de decirnos que siempre serán buenos tiempos para hablar de aquellos muertos que nos sumergen en aquel laberinto de horror y locura.

Ahora bien, en lo que respecta al fenómeno vampírico como resultado de cierta magia póstuma. Para ello, tenemos la compleja novela titulada “The Case of Charles Dexter Ward” (El caso de Charles Dexter Ward, 1927), en la cual Lovecraft trata de forma completamente original el vampirismo, combinándolo con los Mitos de Cthulhu, la alquimia y la brujería.

Un dato interesante de este trabajo lovecraftiano es el giro que experimenta la clásica trama del vampiro, pues en la mayoría de los casos la historia comienza presentando a éstas criaturas bajo una apariencia viva y humana, bebiendo porciones moderadas de sangre, para después morir y retornar hacia el final de la narración. En la citada novela del maestro Lovecraft sucede lo contrario, el vampiro es un ya muerto desde el principio y prepara su retorno a este mundo exigiendo generosas porciones de sangre.

Bajo esta esquema, es preciso aclarar que dentro de la literatura vampírica la figura del vampiro ha servido de metáfora para cualquier asunto: en Bram Stoker representa la metáfora de la liberación sexual; en Garth Ennis es la metáfora de la vida de un alcohólico; en Anne Rice generalmente es la metáfora de la homosexualidad y en Stephen King es la alusión a una infección viral. El vampiro de Lovecraft en “The Case of Charles Dexter Ward”, es el emblema de lo peligroso que puede resultar hurgar acerca de nuestro propio pasado, empezando desde nuestra historia de familiar, donde seguramente encontraremos cosas que jamás hubiéramos querido saber.

En efecto, en la trama, el joven Ward rastreando el pasado de Joseph Curwen, uno de sus ancestros de la época colonial en Nueva Inglaterra, descubre que éste fue un exitoso comerciante naviero dedicado a la trata de esclavos y un hábil mago, cuyos poderes le permitían retrasar los efectos del envejecimiento, a tal punto, que en el momento de su muerte, cuando tenía ya más de un siglo de edad, todavía aparentaba ser a lo sumo de 40 años. También tenía la capacidad de resucitar a los muertos y de conversar con ellos, convocar entidades cthulhianas —como Yog-Sothoth— y lanzar hechizos capaces de trascender el tiempo e inspirar a algún descendiente a interesarse en su obra, y en su momento, que intente traerlo a la vida.

Curwen hace un vasto uso del sortilegio de la resurrección para acumular tanto conocimiento histórico como ocultista, y lograr así, poderes cada vez más grandes. Curwen mostrará elementos combinados de posesión demoniaca y tendencias vampíricas, atacando a los viajeros locales y penetrando en las casas para beber la sangre de los habitantes: “He aquí el siguiente párrafo: “Muchas personas que volvían tarde a sus hogares o dormían con las ventanas abiertas fueron atacadas por una criatura extravagante, que los sobrevivientes describieron alta y delgada, de mirada febril, que hincaba los dientes en la garganta o en el hombro para succionar con avidez el fluido sanguíneo de la víctima”.

Ahora bien, un dato curioso dentro de la temática vampírica fue el juego literario que entablaron Lovecraft y Robert Bloch —aquel que escribiría “Psicosis” llevada después a la pantalla con gran éxito. Hacia 1935 Bloch escribió “The Shambler from the Stars” (El vampiro estelar, 1935), en el que un vampiro proveniente del espacio sideral se caracteriza por su voraz apetito de sangre: “Era una inmensidad de gelatina palpitante, húmeda y roja, una burbuja escarlata con miles de apéndices tentaculares que se enroscaban y desenroscaban en el vacío. En los extremos de estos apéndices, unas bocas se abrían y cerraban con horrible codicia… Era una cosa hinchada y obscena, un bulto sin cabeza, sin rostro, sin ojos, una especie de buche ávido, dotado de garras, que había brotado del vacío estelar”.

Es un cuento muy bueno, pues no cae en el estereotipo del vampiro tradicional, es simplemente una manera de mirar al vampiro desde una perspectiva galáctica.

A modo de broma, Bloch introdujo en el relato a un místico de Providence, fácilmente identificable como Lovecraft, que sufría una muerte horrible al recitar un pasaje de un maléfico tomo. Más tarde, Lovecraft le devolvió la jugada con “The Haunter of the Dark” (El morador de las tinieblas, 1936) y su vampiro: “Por la noche se había desencadenado una tormenta que había dejado sin luz a la ciudad […] Los vecinos de la iglesia maldita juraban que la bestia de la aguja se había aprovechado de la ausencia de luz en las calles y había bajado a la nave de la iglesia, donde se habían oído unos torpes aleteos, como de un cuerpo inmenso y viscoso”.

Luego, Bloch escribiría un tercer relato, “The Shadow from the Steeple” (La sombra que huyó del chapitel), como continuación de The Haunter of the Dark.

Un excelente ejercicio literario el que emprendieron estos escritores para poner en evidencia que el vampirismo en todas sus facetas será siempre un tema central para manifestar los deseos e inquietudes inexpresadas de la sociedad. La forma en que Lovecraft incluye el género vampírico a sus relatos es destacada, a pesar de que dicho género, para la época de nuestro autor estaba ya agotado, inclusive tenía cierta aversión por los clásicos clichés de vampiros, fantasmas, científicos locos y hombres lobo, razón por la cual le impulsó a desarrollar una visión sobre el horror cósmico, su legado más granado.
Publicado en la Sección Cultural de Momento Diario (Puebla, México), 12 y 13 de Mayo de 2010

lunes, 4 de octubre de 2010

Palabras en la dulce promesa del extravío

Paco Echeverría
Óclesis

El pasado sábado 25 de septiembre el famoso espacio cultural “Profética. Casa de la Lectura” fue centro de inquietudes que al vuelo de la letra en malabares lúdicos sirvió para presentar la colección de cuentos “Palabras Perdidas”. Hoy que se habla tanto de ya no tener ideología, parece ser que con esta apuesta literaria, dicha afirmación se trueca como una cuestión irremplazable, ya que los hombres necesitan dar algún sentido a sus vidas y este sentido, entre los tantos artificios que ha creado el mismo hombre, se encuentra la palabra como acto de creación colectivo, capaz de arrobarse en la dulce promesa del extravío.

“Palabras perdidas” es el resultado de un trabajo de equipo, de introspección compartida, de abrazos mutuos arropados en brazos del otro, un viaje en el que los narradores saben que el primer paso es lento, no obstante los resultados se verán mañana, cuando el mito de juntar palabras en busca de una coherencia lógica termina por abismarnos en la negatividad de nuestra propia dialéctica.

Durante la presentación de este bocado literario, Marco Antonio Cerdio Roussell aceptó que el azar lo había llevado a su lectura: “Fue el azar el que puso en mis manos este pequeño libro de pasta negra y portada abstracta que esta tarde presentamos. Sin embargo, no se puede negar la profunda causalidad inherente al azar. Este pequeño libro que, en una primera mirada, no es más que uno de tantos esfuerzos por hacer llegar a un potencial lector aquello que siendo en un principio intuiciones termina siendo, tras un fatigoso proceso de aprendizaje, prueba y error, nuestro relato, cumple con ciertas características que nos obligar a remarcar su presencia frete a otras posibilidades de lectura”.

Veintitrés relatos de ocho autores es la arquitectura de “Palabras perdidas”, cuyos registros y matices son variados —aseveró Cerdio Roussell—, “algunos quizá nos parezcan más viñetas psicológicas o divertimentos formales, pero en lugar de restarle méritos al libro, permiten una mayor amplitud de lecturas, por ejemplo al contrastar quién le apuesta a la introyección, quién a la construcción de una trama, quién a integrar lo fantástico, quién a elevar lo cotidiano a eje de su trabajo creativo. Retomando lo dicho previamente, uno de los rasgos que me permiten recomendar este libro es la gran variedad de registros que alcanzan estos ocho autores y que se recogen en los relatos seleccionados”.

En efecto, la pluralidad de voces del texto refleja un mundo ofuscado difícil de entender, difícil de clasificar, en el límite, bajo el sol de la cáustica duda y de la consigna nietzscheana de que “nadie puede construirse el puente sobre el cual hayas de pasar el río de la vida; nadie, a no ser tú”. De ahí la enajenante “Pregunta” por la que se desmorona Susana López Sánchez” en su relato: “tuve tiempo de seguir buscando mi duda, mi necesidad”.

Duda y necesidad, esos duendes que te besan en sueños, ojos que te miran a los ojos de manera tan directa, que son capaces de dejarte “Completamente a oscuras”, según reza el título del cuento de Julia Salinas. Lucha existencial, resaca juvenil y espejismo postmoderno parecen completar el cuadro de “Palabras perdidas”, pues de momento se tiene la desesperada sospecha por romper el tedio de tanto recuerdo que ya no era recuerdo, sino simple circularidad que se cierra para abrir otra, y otra, y otra … puro vértigo, y ya Mayra Martínez Espinoza lo ratifica así cuando sugiere que lo último que entendemos sobre la gravedad del amor y la vida es que en “Retroceso” ya no es lo mismo.

Sin embargo, Sergio Cuateco, es más fresco, capaz de dejar una sensación esperanzadora de encontrar el camino hacia el temido “yo”, aunque esto no significa que se trate de un negocio fácil o inequívoco, pues casi siempre será una promisoria moneda al aire, un “Águila o sol”: ¿risa o tristeza?, ¿apropiación o desapego?, ¿transparencia o mentira?, o simplemente aceptar el amor de puertas adentro durante la mañana gris del corazón antes de que se convierta en fallida epopeya. Creo que por eso María del Sol Valdivia nos refiere que “Los androides no aprecian la buena literatura”, porque no cabe duda de que todo es motivo de empatía y entropía, pura termodinámica de deconstrucción conceptual.

Para Cerdio Rousell, la confluencia de miradas es la culpable de la riqueza de “Palabras perdidas”, algo poco común en obras de este tipo. No se trata del libro de autores con trayectoria, pero encontramos autores en los que se nota el camino recorrido y un oficio; no es un texto de autores primerizos, pero encontramos relatos con todo el desparpajo y la voluntad experimental de quien inicia su carrera literaria.

Quizás el relato más sugerente sea el de Nicholas Gutiérrez Pulido, “La elección de Wittgenstein”: “Nosotros no podemos hacer proposiciones sobre el funcionamiento de nuestro lenguaje”, so pena de tropezar con aquellos “juegos del lenguaje” que el célebre filósofo propone porque el lenguaje no expresa como un espejo el mundo: “las palabras —Raúl Gutiérrez Sáenz dixit— tienen sentido de acuerdo con el uso que se hace de ellas y de acuerdo con el contexto en el que se usa dicho lenguaje”.

Finalmente Marco Cerdio exhortó a lectura del libro: “A mi gusto, esta selección de textos amerita leerse, no aburre y despierta en relación con cada uno de los autores diversos cuestionamientos que solo el seguimiento de su trayectoria podrá resolver. Por ahora sólo me queda invitarlos a que lean el libro, y terminada su lectura, me digan si no valió la pena, ya que para ese momento estaremos esperando un nuevo libro de nuestros autores”.

“Palabras perdidas” se encuentra a la venta en las librerías de “Profética. Casa de la Lectura ” (3 sur 701, Centro Histórico) y la Universidad Iberoamericana.

Publicado el Viernes 1 de octubre de 2010 en la Sección Cultural de Momento Diario

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Religiosos reprueban que Hawking niegue a Dios

•Miscelánea oclética 8
Las reacciones de diferentes grupos religiosos en Reino Unido ante las declaraciones de Stephen Hawking, acerca de que Dios no creó el Universo no se hicieron esperar.
El arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, señaló que “creer en Dios no consiste en cómo taponar un agujero y explicar cómo unas cosas se relacionan con otras en el Universo, sino que es la creencia de que hay un agente inteligente y vivo de cuya actividad depende en última instancia todo lo que existe”, declaró el líder anglicano al diario The Times.
“La física por sí sola no resolverá la cuestión de por qué existe algo en lugar de nada”, agregó Williams.
El rabino jefe, Jonathan Sacks, señala en un artículo publicado por el mismo diario que “la ciencia trata de explicar y la religión, de interpretar. A la Biblia sencillamente no le interesa cómo se creó el Universo”.
“La ciencia desarticula las cosas para ver cómo funcionan. La religión las junta para ver que significan. Son dos empresas intelectuales distintas. Incluso ocupan diferentes hemisferios del cerebro”, señala Sacks.
El arzobispo de Westminster y primado de la Iglesia católica de Inglaterra y Gales, Vincent Nichols, dijo suscribir totalmente las palabras del rabino jefe sobre la relación entre religión y ciencia.
También el presidente del Consejo Islámico de Gran Bretaña, Ibrahim Mogra, atacó las tesis de Hawking y dijo que “si uno mira el Universo, todo apunta a la existencia de un creador que le dio origen”.
En su libro, The Grand Design, del que The Times adelantó ayer algunos extractos, Hawking afirma que las nuevas teorías científicas hacen redundante el papel de un creador del Universo.
El Big Bang, la gran explosión en el origen del Universo, fue consecuencia inevitable de las leyes de la física, argumenta el científico británico, que ha escrito el libro al alimón con el físico estadounidense Leonard Mlodinow.
Según Hawking, el primer golpe asestado a la teoría sobre la intervención de Dios en la creación del Universo fue la observación en 1992 de un planeta que giraba en órbita en torno a una estrella distinta de nuestro Sol.
En opinión del conocido astrofísico, es probable que existan no sólo otros planetas, sino también otros universos, y si la intervención de Dios era simplemente crear al hombre, esos otros universos serían perfectamente redundantes.
Para Hawking, la teoría-M, proposición que unifica las distintas teorías de las supercuerdas, es la teoría unificada con que soñaba Einstein, capaz de reconciliar la teoría cuántica, que da cuenta del mundo subatómico, con la de la gravedad, que explica la interacción de los objetos en una escala cósmica.
El biólogo y ateo militante Richard Dawkins, autor del libro El espejismo de Dios, declaró a The Times que “el darwinismo expulsó a Dios de la biología, pero en la física persistió la incertidumbre. Ahora, sin embargo, Hawking le ha asestado el golpe de gracia”.
Por el contrario, para el astrofísico y teólogo David Wilkinson, “el Dios en el que creen los cristianos es un Dios íntimamente involucrado en todo el momento de la historia del universo y no sólo en sus comienzos”.
A su vez el presidente de la Sociedad Internacional de la Ciencia y la Religión, George Ellis, rechaza el argumento expuesto por Hawking en su libro en el sentido de que la filosofía no tiene ya sentido al haber sido suplantada por la ciencia.
“La filosofía no está muerta. Todo punto de vista está imbuido de filosofía. ¿Por qué la misma ciencia merece la pena? La respuesta es filosófica y emocional. La ciencia no puede responder a la pregunta sobre sí misma”, explica Ellis.

Científicos y creyentes
Para el académico César Nombela, ex catedrático de microbiología y presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la teología es un ámbito de estudio totalmente diferente al científico, pero igualmente válido: “La ciencia puede explicar muchas preguntas propias de su competencia, pero probar la existencia de Dios es otro terreno”.
En un artículo publicado en el diario El Mundo, Nombela reconoce “aplicar la ciencia en todas las situaciones racionales; pero no es irracional creer que existe un creador que dio lugar a las mismas leyes de la naturaleza y que da respuesta a las preguntas de la existencia humana”.
Además, el científico sostiene que “el darwinismo explica la evolución, pero no excluye la existencia de un creador inicial”.
Por otra parte, Nicolás Jouvé, catedrático de genética en la Universidad de Alcalá de Henares, sostuvo que no cree que Stephen Hawking realice conclusiones novedosas sobre el origen de la materia y el tiempo, y añade que “el ser humano tiene que resolver sus preguntas. La existencia de Dios es un tema intratable científicamente”.
Publicado en Milenio, sábado 04 de septiembre de 2010, p. 29 

sábado, 21 de agosto de 2010

Para conocer a Sartori

Publicado en Gaceta Universidad, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
No. 134, mayo de 2010, p. 24
 
Uno de los politólogos y analistas sociales más reconocidos en el mundo es el italiano Giovanni Sartori. Su pensamiento, no ajeno a la polémica, gira en torno al concepto de la democracia, tema de su primera obra: Democrazia e Definizioni, publicada en 1957, y presente en el resto de sus libros, incluido el más conocido entre la clase estudiantil universitaria: Homo videns. La sociedad teledirigida.

El pensamiento de Sartori ha motivado a un grupo de intelectuales del más alto nivel internacional a ofrecer, a través de la Dirección de Fomento Editorial de la BUAP, un texto que en su mismo nombre lleva su objetivo: Para leer a Sartori.

Coordinada por el maestro José Ramón López Rubí Calderón, académico de esta Casa de Estudios y director de la revista académica Estudios de Política y Sociedad, la obra tiene la intención de ser un texto que prepara al lector para adentrarse en la obra de Sartori.

Son nueve capítulos que corresponden a la colaboración de nueve estudiosos de la Ciencia Política desde la perspectiva de Sartori, uno de cuyos artículos cierra este libro.

Con una disertación sobre la viabilidad de la ciencia política y la importancia de Giovanni Sartori en el pensamiento político el siglo XX abre el libro el maestro López Rubí Calderón.

Sobre la democracia en las obras de este pensador italiano habla Jesús Silva Herzog Márquez,en tanto que Gianfranco Pasquino, alumno de Sartori, hace un recuento de las contribuciones de su maestro a la ciencia política.

Académico de la Universidad de Barcelona, Josep María Reniú muestra la incidencia del pensamiento de Sartori en los partidos políticos; tema que continúa el profesor emérito de la Universidad de Heidelberg, Dieter Nohlen; en tanto que Hosé Antonio Aguilar Rivera enfrenta el tema de la multiculturalidad en el pensamiento sartoriano.

Dos artículos analizan Homo Videns: el de Ignaci Pérez, de la Universidad de Barcelona, y Tomás Linn, profesor de periodismo en la Universidad Católica de Uruguay; mientras José Luis Lezama de la Torre, del Colegio de México, muestra la postura de Sartori frente a la cuestión ambiental.

Para leer a Sartori, es un libro que ofrece al lector, entre otros beneficios, acercarlo a los principales temas que Giovanni Sartori aborda en sus libros, brindarle a quines por primera vez se adentran en el pensamiento de este científico italiano una visión introductoria y reunir en un libro a intelectuales de primer nivel internacional, bajo los auspicios de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

LÓPEZ RUBÍ CALERÓN, José Ramón (2009) (coord.): Para leer a Sartori. México: Benemérita Universida Autónoma de Puebla.

sábado, 14 de agosto de 2010

Para lo que sirve el libro del Bicentenario


Por Heriberto Yépez
¿Ya llegó a su casa el libro del Bicentenario? Este 2010, el gobierno decidió que el cartero le entregue Viaje por la historia de México, de Luis González, con 213 entradas de ciudades, mitos y retratos, desde Pacal hasta Díaz Ordaz.

Tiraje: 25 millones. Por su formato, dimensiones y sus 65 páginas, parece una revista, una Vanidades con lentes de Elba Esther y ambiente de santoral.
 
Su título original (Álbum de historia de México) ilustra que este folleto oficial está a mitad de camino entre el gallardo libro de texto gratuito y las láminas escolares de antaño.

El álbum original —Clío, dirigida por Enrique Krauze, negoció los derechos para que el gobierno editara los millones de ejemplares—, desde un punto de vista historiográfico actual, obedece a una visión anacrónica: contar la historia de un país mediante un periódico mural de fichas, datos, poses y anécdotas.

Como toda obra postal, alberga memorables errores. Según el diseño visual, los primero mexicanos surgieron en Baja California, pues la imagen de “La época de los cazadores” corresponde a las recientes pinturas rupestres de la sierra de San Francisco. La obra también quiere convencernos de que San Felipe de Jesús se embarcó a la Nueva España cuando tenía seis años.

¿Qué tienen en común estas pifias? Que ven al mexicano como un ser menor de edad. Quizá por eso el presidente creyó que nos iba a poner contentos regalándonos un libro de estampitas.

A nadie en la SEP le pasó por la mente que el souvenir del Bicentenario debió ser, al menos, representativo del país que intenta colorear.

De las más de doscientas figuras prominentes, ¡sólo 5 son mujeres! La primera es una piedra (Coyolxauhqui) y la segunda, la reina de España (Isabel la Católica). Le sigue otra fémina religiosa ficticia (la Virgen de Guadalupe) y se termina con Sor Juana Inés de la Cruz y Josefa Ortiz de Dominguez, ambas recluidas en un convento.

Así que si alguien quisiera conocer a México a través de esta obra, concluiría que en México, las mujeres o no tenían la menor importancia en la construcción de la nación o, de plano, desaparecieron a principios del siglo XVIII, momento en el cual no vuelven a aparecer en el álbum patricio, patriarcal, patronal, paternalista, pétreo y patrio, que el gobierno de Calderón envió a todos los hogares mexicanos.

A la microhistoria de bronces de González la oficializaron; este libro-revista se volverá un recuerdo kitsch de la historia facial (con porte pagado) del desastre del 2010.

De la SEP no se puede esperar mucho. Pero ojalá hubiese remitido una obra útil o. si la idea era darnos Chichi con bustos heroicos, se hubiese agradecido que las estampitas del álbum gratuito hubiesen sido, al menos, desprendibles.

Publicado originalmente en Laberinto, Suplemento Cultural de Milenio, Sábado 07 de Agosto de 2010

lunes, 2 de agosto de 2010

Petru Cimpoeşu. Literatura de la confusión

Por Penélope Córdova
(Publicado originalmente en Laberinto, Suplemento Cultural de Milenio, sábado 17 de julio de 2010)

Transición es un eufemismo que se utiliza en los países que experimentaron el paso del comunismo soviético al capitalismo. Lo que en realidad significa es Confusión. A finales de los noventa, Rumania luchaba por ser un digno miembro de la Unión Europea; los rumanos comprendieron que debían comportarse a la altura, aunque sin saber exactamente cómo hacerlo. El escritor Petru Cimpoeşu (1952), considerado como uno de los mejores prosistas de su país, escogió a los inquilinos de un insulso bloque de viviendas en provincia para simbolizar el caos que reina desde esos años. Un santo en el ascensor (Ed. Intermon Oxfam-Icaria, 2007) utiliza irónicamente la figura de San Simeón Estilita quien, en el siglo V, rezó durante treinta y siete años en lo alto de una columna con el fin de alcanzar la bienaventuranza. En la ciudad de Bacau, calle de las Ovejas, el zapatero Simión, del primer piso, decide encerrarse en el ascensor y orar desde las cumbres de la octava plaza.
Así como Joseph Roth convirtió el Hotel Savoy (1924) junto con sus habitantes en una metáfora del cambio, de la pérdida asumida y de la búsqueda de un lugar en una realidad maltrecha, en el edificio de Un santo en el ascensor, Cimpoeşu despliega la crónica ficticia de una transición desequilibrada. Lo que en Roth es resignación e impotencia, en Cimpoeşu es ingenuidad y esperanza, acaso por ello resulte tan cómico. De aquel desajuste social e individual nació la leyenda negra de que “las cosas eran mejores con Ceausescu”. El capitalismo sirve de poco cuando, dice el escritor rumano, el poder económico está en manos de los antiguos comunistas y su aparato represor.
Da la impresión de que Cimpoeşu, al escribir sobre la tragedia de su país, se ríe a hurtadillas, maliciosamente. Un santo en el ascensor convierte el tono solemne y acusador de la literatura con fines sociales en un cómico desfile de hombres y mujeres absurdos en un mundo que no acaba de comprender porque la democracia les llegó con unas cuantas décadas de atraso y no saben qué hacer con ella. El lector también sonríe, no sin desconfianza, cuando se entera de los supuestos milagros y profecías de Simión, quien, con parábolas urbanas y profecías, alecciona a sus vecinos e interpreta el papel de guardián de consciencias. Sin embargo, la broma deja de serlo cuando uno se encuentra a sí mismo entre esos incautos inquilinos y cae en cuenta que, a pesar de no haber vivido tras un telón de acero, la propia situación no está muy lejana.
La confusión como condición del hombre del siglo XXI, abanderado de la democracia, la tolerancia y la libertad, es una constante oculta que revela las tres anteriores como falacias de un discurso político. Acaso sólo un milagro podría hacer de la libertad globalizada el paraíso prometido, pero si es verdad que el reino de los cielos está lleno de pobres de espíritu, tal vez convendría dejar de rezar. Esta novela, como el espejo de Stendhal, demuestra que, en realidad, los últimos serán siempre los últimos.

martes, 6 de julio de 2010

¿Qué significa hacer películas de manera política? por Dmitry Vilensky*

El texto que presentamos a continuación inaugura una serie de trabajos que tienen como finalidad acercarlo a usted amigo lector a aquellos autores que con la fuerza y complejidad de su escritura han contribuido a revolucionar el pensamiento de nuestro tiempo.  
Esperamos que el material seleccionado sea de su agrado e interés, y reiteramos la invitación para que nos escriba y haga llegar sus comentarios y sugerencias a las siguientes direcciones electrónicas:
 oclesis@gmail.com                              oclesis@yahoo.com.mx 
 
Y por supuesto a que visiten nuestro blog:  www.oclesis.blogspot.com
 
La obra ¿Qué significa hacer películas de manera política? de Dmitry Vilensky fue publicado originalmente en Habitar. Cuaderno de Trabajo / Simposio Injerto 2010, pp. 52 - 58. Que lo disfruten...
 
01. VIEJAS CUESTIONES
Todos aquellos que entienden que la estética, la política y la economía forman un nexo vital, creen que el arte puede revelar con particular fuerza los problemas más agudos del desarrollo social. La historia es un enfrentamiento entre distintos grupos que defienden no sólo su derecho de hablar, sino también su visión de futuro. Si queremos continuar con el proyecto político de hoy, primero debemos plantear la vieja pregunta: ¿Quién es el sujeto del desarrollo histórico y del conocimiento?, y después actualizar la simplicidad de la vieja respuesta: “La clase oprimida, y en pie de lucha, en sí misma”, como dijo Benjamin. El arte político contemporáneo se esfuerza por ir acorde con la búsqueda de este sujeto, no con la mítica noción establecida en las revoluciones sociales previas. Como a mediados del siglo XIX, estamos nuevamente obligados a definir lo que será al respecto de este tema. Hoy en día debiésemos hablar de una fidelidad a la vieja respuesta; aunque esto no signifique que cineastas, intelectuales y artistas deban mantener una fe ciega y personal en el actual movimiento anti-capitalista, sino más bien que deberían seguir siendo fieles al espacio de subjetividad que dio lugar a ese movimiento.

Es en este espacio donde podemos afirmar que hacer películas de manera política significa esmerarse por una representación históricamente concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario. El artista-cineasta debería descubrirse a sí mismo en el proceso del devenir proletario; debería también utilizar su trabajo para extender el devenir artístico del proletariado, a través de la participación de las masas en las diferentes formas de creatividad. La cuestión, entonces, sigue siendo la misma; se trata de asumir una posición política como artista: ¿De qué lado estás?

02. LA POSICIÓN DEL SUJETO QUE HABLA
La principal diferencia entre el arte del cine-video y el periodismo progresista es que el artista no puede afirmar, inocentemente, que da voz a alguien más. Es siempre el cineasta quien habla. Así pues, enajenar a la realidad a través de un constante dudar del proceso de producción fílmico en sí miso y de las instituciones de poder subyacentes a la producción y distribución, no es algo externo a la organización formal de la película; es parte íntegra de su estructura, un método para realizarla. Una película política no es una película acerca de la política. Es un film que problematiza el privilegio del sujeto que habla, al revelar sus vínculos sociales y de clase.

03. LA NATURALEZA COLECTIVA DE LA REALIZACIÓN CINEMATOGRÁFICA
Hacer cine implica siempre una tarea colectiva. Esto podría ser eclipsado por la personalidad del director, quien moldea su mensaje autoral a partir de la apropiación de los recursos creativos de profesionales y aficionados. La realización de una película política, sin embargo, puede servir como modelo para el pleno desarrollo de las capacidades creativas del colectivo entero, donde cada uno de los participantes funge de igual manera como co-creador. La película política engendra su propio soviet o consejo artístico, un organismo cuya toma de decisiones colectiva confiere legitimidad al discurso estético. Su tarea es comparable a las enfrentadas por las estructuras a favor de una política de auto-gobierno (soviets), que se supone adoptan decisiones concretas al combinar la representación (durante la realización de una película, una tarea en particular sería delegada al equipo de dirección o al equipo de cámara) con la democracia participativa. La delegación surge tras la exhaustiva discusión en conjunto, articulándose así una posición en común.

04. REALISMO
El cine y el video son manifestaciones que se incluyen en la corriente realista en la historia del arte. Las nuevas formas tecnológicas y mediáticas del documentalismo son los últimos avatares en esta línea. Éstas son herederas de la tradición realista en el arte y no se les puede entender sin analizarlas desde esta perspectiva. Desde sus inicios, el realismo asume la tarea de descubrir el significado de la realidad. Esta empresa, sin embargo, es también una labor política.

El documentalismo nos ayuda a replantear el problema de la mímesis, mismo que ha plagado las formas de arte tradicionales como el teatro y la pintura (este replanteamiento se inició con el debate entre Brecht y Lukács), y nos permite abordar el problema de la autenticidad a otro nivel. Como Brecht demostró ya Copn total acierto, la autenticidad no tiene nada que ver con la “simple reflexión fotográfica de la realidad”, la autenticidad se sustenta en la construcción de la obra, pues incluso en el más fiel de los documentales “no hay que esté exento de organización”. La autenticidad, cualidad principal de una obra realista, es siempre una construcción formal; nos permite extraer realidad de las interpretaciones subjetivas autoritarias propuestas por una falsa consciencia.

05. EN BUSCA DE LO TÍPICO
El realismo sucede cuando se describe lo típico y no lo concreto y particular —como es el caso en el mainstream del arte contemporáneo, donde las políticas de identidad son hegemónicas en los modos de representación. Como Engels expresa en su célebre cita, la tarea principal del realismo es “la reproducción veraz de personajes típicos, en circunstancias típicas”. El enfoque tipicalista nos permite plasmar y pensar las problemáticas de la sociedad contemporánea como un sistema integral, saturado de contradicciones y urgido de transformación. Esta perspectiva sobre la realidad es esencialmente cartográfica; rechaza el burgués fetichismo de la diferencia, priorizando en su lugar el reflejo de similitudes en situaciones de opresión, exclusión y resistencia.

06. EL PROBLEMA DE LA FORMA
El realismo tradicional se caracteriza por su contenido. Hoy en día, el problema formal se resuelve no mediante el uso de nuevos y deslumbrantes efectos (eso se lo dejamos a Hollywood), sino construyendo la película de un modo sustancialmente diferente. Esta construcción puede basarse en la cuidadosa investigación de una situación que, por su singularidad histórica, reivindique lo típico o lo universal.

En la actualidad es difícil enumerar los aspectos formales de la película política; sin embargo, podemos definir sus cualidades al negar el lenguaje dominante del arte comercial y el cine. Este lenguaje se basa en la estética de la sensación, la seducción y la intoxicación; es el lenguaje de la fragmentación y el ingenioso montaje que bombardea al espectador con efectos sonoros. Estamos conscientes del atractivo populista de estas estrategias y luchamos, no siempre con éxito, por resistírnosles.

La película política contemporánea es minimalista no por causa de su bajo presupuesto, sino porque asume de manera consciente una reducción: rechaza el enfoque gastronómico. El lenguaje del cine político contemporáneo es el lenguaje de un ascetismo visual conscientemente adoptado. Una vez más, recordemos la conocida preferencia de Godard por los bajos presupuestos. Esto no significa, sin embargo, que el cine político rechace la participación estética y emocional del observador. Dicho rechazo es a veces una seria deficiencia de muchas de las obras contemporáneas. La tradición del cine político ha desarrollado toda una serie de estrategias para ejercer presión ideo-estética; basta con mencionar el efecto de alienación. El cine político es una composición multi-gradual que combina afecciones emocionales con un análisis intelectual total. Paradójicamente, debemos aprender a tocar el corazón del observador sin entretenerle.

07. ENSEÑANDO/APRENDIENDO
La película política contemporánea es un filme que enseña pero, ¿a quién enseña? Por principio abierto a todo público, este cine se enfoca a aquellos quienes ya se han desarrollado políticamente pero buscan la manera de seguir creciendo.

La tarea de las películas políticas (¿quién dijo que sólo puede haber una película?) no se reduce a documentar y agitar; esta tarea se la podemos dejar al periodismo progresista. Si no existe aún lugar para películas así en los medios de comunicación, podemos trazar un camino para ellas en el ámbito cultural.

Pero no confundamos la película política con el arte. El papel de estas películas es, más bien, mostrar la complejidad de la subjetivación política. Cultivar el instinto político significa revelar todas las dificultades y escollos del devenir-político. No significa fingir que todo es simple y que se tiene una respuesta para todo, dejemos esa actitud a los partidos políticos y sindicatos. El método brechtiano de la obra-enseñanza es una vez más relevante, ya que no exige rechazar las estrategias jerárquicas y manipuladoras de los medios de comunicación, y nos insta a incluir prácticas colectivas y participativas al momento de hacer una película para encontrar nuevas soluciones a los callejones sin salida de la vida política. La película política no es simplemente una película de enseñanza, también nos muestra el proceso de aprendizaje en sí mismo.
 
Mtro.  Francisco Hernández Echeverría 
Coordinador Académico
Óclesis : víctimas del artificio

miércoles, 23 de junio de 2010

Miscelánea oclética 2: Monsiváis y el Humor Negro (Entrada Libre)


La risa para Kundera es sinónimo de imbecilidad, de estupidez, de negación a la razón, de retorno a nuestra animalidad. Para Aristóteles la comedia es un género menor pues no cuenta las virtudes del espíritu humano y basa su poética en la tragedia. La narrativa de Kundera pertenece al artificio de la literatura, Aristóteles, en su poética, transita por la obra de arte, como imitación de la realidad.
El domingo desperté claro y feliz con la intensión de mirar el partido de futbol, dos minutos después de recordarme mentalmente la hora del juego, sonó, impertinente y voraz, el timbre del celular de mi novia. Sólo escuché: No manches, qué mala onda. Preocupado pregunté que es lo que había sucedido. Ella respondió, se murió el Monsi.
Todo esto me llevó a pensar en la comicidad, en  Kundera y Aristóteles, en el humor negro de Monsiváis y Bretón. En 1939 en París se publicó Anthologie de l`humour noir, la primera antología de humor negro cuya compilación la realizó André Bretón y están escritores como Kafka, Sade, Poe, Rimbaud, etc. A diferencia de Kundera y Aristóteles, en la antología, se aborda la risa como consecuencia del pensamiento, de la reflexión, como placer estético generado por la catarsis aristotélica que se produce en la contemplación de la obra artística. El humor negro entreteje la risa y la tragedia en las ficciones de todas estas ficciones. Pero cuando la realidad es maquillada por la pluma de un cronista de la calidad de Carlos Monsiváis, no se pude pensar en una comicidad, motivada por la imbecilidad.
Es Verdad que Monsi habló sobre muchos temas, desde literatura hasta las banalidades propias de nuestra sociedad mexicana, cómo olvidar aquellas declaraciones en las que Monsiváis abanderó a Gloria Trevi como una luchadora de las causas femeninas, pero eso sólo son declaraciones y nimiedades, pero la riqueza de su pensamiento además de estar distribuidas en los periódicos más importantes de nuestro País, está en sus libros.
Entrada libre uno de ellos, nos muestra la capacidad de organización de la sociedad mexicana ante las grandes tragedias de San Juanico y el temblor del 85´ no sin imprimir eso humor negro que siempre lo caracterizó.  “Con el terremoto, Dios nos está diciendo: ésta no es tu patria, no creas que tu país es eterno, la única patria que no termina jamás es la del más allá” se lee en una declaración de un sacerdote y compilada por Monsiváis. Sobre San Juanico: “La señora de sociedad va con su peinador y le cuenta  ¿Qué te pareció lo de san Juanico? ¡Qué barbaridad! Si llega a pasar en Las Lomas es una tragedia. Al contar el chiste, nadie se siente obligado a justificarse. Está claro: el choteo vale porque nos divierte”
No queda más que recomendar la lectura de este gran pensador de nuestros tiempos.

Gilberto González

lunes, 21 de junio de 2010

Tardes de lectura: Una ocasión para recordar a Saramago y Monsiváis


Ven y comparte con nosotros tu pasión por la lectura... recordando a dos grandes de la literatura del siglo XX y parte del siglo XXI...

domingo, 16 de mayo de 2010

Oclético: ser parte del artificio




Filosofía Óclesis

Justificación
Somos lo que pensamos que somos. Una enfermedad que nos sana, que nos aglutina en la espiral del principio, entre un mar lineado amodorrado en los vértices que el artificio humano nos deja… Nos reconocemos entes envenenados en la multitud paradójica de nuestro ser, aquí: No escritores. No artistas. No eruditos. Simple manifestación de los que son, porque están siendo. Somos Óclesis, la enfermedad causada por la aglomeración de la gente. “Y volvemos a la infancia de las letras; cuando la palabra era sonoridad sin juicio de por medio”.
Ahora el telón se abre… Un acto, y la brisa nos hace movernos…

Misión
Somos un grupo que conjuga diversas disciplinas artísticas todo bajo un mismo proyecto, con el objetivo de generar espacios idóneos para la difusión cultural y de creación artística, teniendo como rectora a la lengua, imagen primigenia del pensamiento, coexistiendo con la diversidad de criterios.

Visión
Consolidarnos como un ente multicultural, creativo y socialmente responsable, ofreciendo un espacio de difusión artística que sea aprovechado por todos los sectores culturales de nuestro país.

Objetivos
· Consolidar un proyecto editorial abierto a la expresión cultural y artística en el estado de Puebla y otras ciudades de nuestro país.
· Ser un espacio de difusión para los nuevos escritores
· Difundir la obra gráfica de artistas plásticos
· Promover la lectura
· Crear foros de discusión
· Intercambio literario con otros grupos afines.
· Favorecer la libre expresión artística.